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Las tendinitis... ¿existen realmente?

Tradicionalmente se han llamado a las lesiones tendinosas como tendinitis, es decir inflamación del tendón. Sin embargo, tras años de investigación, se ha visto que en la gran mayoría de dolores tendinosos no se observa un componente inflamatorio. Lo que realmente ocurre es una degradación del tendón y el término sería “tendinosis”. De todos modos, es frecuente que haya dolor en el tendón sin inflamación ni degradación, así que el diagnóstico más adecuado sería tendinopatía.


Los tendones son estructuras situadas entre el músculo y el hueso. Su función es transmitir la fuerza generada por el músculo, dando lugar al movimiento de una articulación. Es una estructura con pocas células y muchas fibras (colágeno en su mayoría), ya que tiene que ser

muy resistente para transferir la fuerza. Por lo tanto es un tejido que está poco inervado y poco vascularizado.



El tendón responde a la carga y tratará de mantener el equilibrio (homeostasis). Si la carga es adaptativa se sintetizará tejido y si es mala-daptativa se degradará. La gran mayoría de dolores tendinosos se producen por:

- un aumento repentino de la carga

- por movimientos repetitivos

- o por aumentar el peso en distintas actividades de la vida diaria o deportivas.

Lo normal es que el dolor aparezca al empezar la actividad, desaparezca cuando llevamos unos minutos y no vuelva a doler hasta cesar la actividad, donde el tendón se “enfría” y vuelve a aparecer la sintomatología. También puede ocurrir que duela en mitad del entrenamiento.


La principal herramienta para recuperarnos de las tendinopatías es el ejercicio. Al pedir contracciones al tendón lesionado se producen cambios biológicos que promueven la desaparición del dolor y el aumento de la función. Por eso el ejercicio debe ser el pilar fundamental de la rehabilitación. Eso sí, esa carga tiene que ser adaptativa, para que promueva la síntesis y no la degradación; esto es, debe seguir una progresión correcta y supervisada (ejercicios isométricos, después isotónicos y acabar, si procede y sobre todo en deportistas, con pliométricos).


Esta gestión y monitorización de la carga, se debe realizar también en todas las actividades del día a día. El ejemplo del vaso y el agua es bastante ilustrativo; el vaso es nuestro tendón y tiene una capacidad determinada, el volumen del vaso; y el agua es la carga a la que sometemos al tendón. Si el agua rebosa, es decir la carga es superior a la capacidad del tendón para soportarla, aparecerá dolor.


En estos casos de tendinopatías, el dolor se produce en el tejido sano, por lo tanto el dolor no implica un mayor daño. No vamos a empeorar la situación por tener dolor al hacer el ejercicio, siempre que éste sea tolerable. Para ello usamos la escala de dolor.

Se recomienda realizarlos con un dolor inferior a 4. Si es mayor a 5, significa que estamos echando demasiada agua a un vaso que todavía es pequeño.


Os dejamos ejemplos de ejercicios para una de las tendinopatías que más encontramos en clínica: tendinopatía Aquílea.


EJERCICIOS PARA EL TENDÓN DE AQUILES:

a. Elevación de talón desde suelo:


b. Elevación de talones desde escalón:


Las tendinopatías son procesos largos. Se requieren semanas para conseguir cambios adaptativos en el tendón. Por eso es importante armarse de paciencia, ir paso a paso y ser disciplinad@s con los ejercicios.


Esperamos que este blog haya aportado luz a vuestro dolor tendinoso y haberos dado herramientas para gestionarlo. Si, aún así, el dolor no se va, no dudes en contactar con nosotros en Clínica Sampayo.